Diario de dos voluntarios españoles en Granada, Nicaragua

miércoles, 11 de agosto de 2010

Un día como profesor voluntario en Granada

 Y suponemos que algo importante de lo que tenemos que hablar es de nuestra labor como voluntarios aquí.

 Es bastante chocante ser de repente un "profe". Y más aún en una comunidad pobre, donde los alumnos vienen muchas veces descalzos y con la ropa raída siempre...y eso si vienen.

 Razones por las que los niños no van a clase hay muchas: su padre les ha pegado una paliza y no pueden andar, la lluvia ha inundado el camino y no pueden andar los 20 minutos que les separan de la escuela, tienen alguna enfermedad que por falta de cuidado no termina de curarse o, la más frecuente, a sus padres les importa un pimiento que sus hijos vayan a la escuela y se quedan en casa.

 Así, en clase a veces aparecen 25 niños y a veces tan sólo 10. Pero a las profesoras no les importa. De hecho, mejor que haya pocos niños para tener una excusa y no trabajar. En general el nivel de motivación de los profesores en estas escuelas es muy bajo, tanto como sus salarios (menos de 150 dólares al mes), a lo que hay que sumar la escasa atención que los niños les muestran.

 En las aulas suele reinar el caos. Clases con escasa iluminación (no hay electricidad en las escuelas) y con pupitres desvencijados. Los suelos están siempre cubiertos de barro y las profesoras son las encargadas de barrer en cada pausa, aunque a veces tienen el detalle de dejar que lo haga una alumna. Mientras la profesora habla, los niños de primaria suelen estar corriendo por la clase, entrando y saliendo de ella (se van a los columpios!) e incluso peleando a patada limpia. Es comprensible que las profesoras se centren solamente en aquellos niños que quieren progresar, e ignoren totalmente a los que están más rezagados.

 Nuestro objetivo es librar a las profesoras del estrés que supondría encargarse de éstos últimos. Niños con total déficit de atención, incapaces de estar sentados más de 2 minutos seguidos. Algunos han faltado a clase durante varios meses y ni siquiera entienden la utilidad de las letras y los números. Saben dibujar un "7" pero no saben para qué sirve. Y la letra "t" es una cruz, un dibujo, un garabato.

 Las profesoras nos dejan trabajar con estos niños fuera de la clase, y tratar de practicar tareas sencillas, como aprender las vocales, ordenar números de menor a mayor, sumas simples...Puede ser un trabajo muy satisfactorio, pues los niños insisten con ilusión "Profe, profe, ayúdeme a aprender más!" pero es algo complicado por la falta de disciplina y de costumbre.

 Sin embargo, a pesar de las pobres condiciones del lugar y de las personas con quienes trabajamos, hay que reconocer que el momento en que llegamos a la escuela cada mañana nos produce probablemente la mejor sensación del mundo: ser recibidos por decenas de niños sonrientes, que nos trepan por todas partes gritando "Profe, hoy sáqueme a mí!".

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